1 may. 2010

En el futuro más oscuro y terrible la vida no vale nada

Vamos a dejarnos de historias. A William Gibson no tenían que haberle dado ninguno de los tres premios, le tenían que haber dado el Nobel por haber escrito Neuromante. Si la gente estuviera más dispuesta a abrirse a género minoritarios y la Academia Sueca no se lo dieran todos los años a algún pestiño de amor lloroso japonés o iberoamericano, a algún viaje espiritual interno, o a alguna moñada de literatura de viajes, Gibson tendría la famosa medalla en una vitrina en su casa.

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...y ya veremos qué ocurre después.