31 ago. 2009

Adiós, Teko


Hola, Teko. Ambos sabemos que no sabes leer, ya que eres un perro. Pero bueno, supongo que, vayas a dónde vayas y creas en lo que creas, sea cual sea ese lugar, supongo que si es medianamente decente, tendrán a alguien que te lo pueda leer. Y como tú y yo sabemos que siempre has sido un sibarita y un perro muy mimado, seguro que has cogido un buen sitio.

Verás: de un tiempo a esta parte he pensado mucho en cómo escribiría esta entrada. Tampoco pensaba durante demasiado tiempo, ya que intentar hacerme una idea de cómo voy redactar un obituario no es mi pasatiempo favorito, como podrás imaginar. Esto ha ocasionado que, como viene siendo habitual en todo, me haya pillado el toro. Así que voy a contar lo que me sale ahora mismo del corazón, mientras las lágrimas se me caen sobre el teclado.

Tenía la esperanza de no tener que ver cómo te deshacías de tu envase terrenal. De tu gordo y orondo envase terrenal, porque amigo, no puedes decir que no hayas tenido una buena vida. Siempre has comido muchísimo mejor que cualquier otro perro, incluso mejor que algunos humanos. Porque siempre te hemos mimado y te hemos querido con locura, como un miembro más de la familia. Y después de ponerte hasta el culo te tumbabas boca arriba para que te rascara. Y cuando te rascaba en ese puntito del pecho o entre las patas delanteras en el lomo, movías la pata espasmódicamente en lo que casi debía de ser un orgasmo de gusto. Qué cabrón.

Pero bueno, como iba diciendo, tenía la esperanza de no ver como hacías el equipaje para siempre. Tenía la esperanza de haberme ido a Londres antes de que esta desagradable situación me cogiera. Así de cobarde soy. Esperaba cualquier día un mensaje de texto que me comunicara que tu hora había llegado.

No he tenido tanta suerte: te me has adelantado y te has ido justo un día antes de mi partida. Vamos, dímelo a la cara: lo has hecho a propósito. Sabes que los últimos años tú y yo no nos hemos llevado bien. Era verme y te tirabas a morderme los pies o a ladrarme. Si mi madre (¡mi propia madre!) me hacía caso o me hablaba más a mi que a tí, montón de pelo, montabas un pollo de tres pares de narices. Ha sido el último movimiento para ganar la batalla, seguro que lo has hecho sabiendo que iba a pensar en ti mientras tú estás por ahí comiendo los mejores guisos humanos y tirándote a unas perras impresionantes. ¿Te parece bonito? ¿No podías enterrar el hacha de guerra un tiempo?

¿Pues sabes qué? ¡Has ganado! Nuestro pique se ha terminado, has ganado. Oh, pero te has pasado mucho. Esto no es un mordisco, no es comerte la punta de los cordones de mis zapatillas, no es ladrarme ni a mi ni a los invitados, no es intentar quitarme la escoba cuando barro la cocina, no es tumbarte deliberadamente al sol en vez de hacer tus necesidades. No, amigo. Esto es una putada gordísima. Me has destrozado el corazón.

Pero no voy a malgastar las últimas palabras que te dedico en más broncas. En vez de eso, y ahora que, como he dicho, has ganado, vamos a enterrar el hacha de guerra y recordar los buenos tiempos. Quiero hacer las paces contigo.

Hace doce años y un poquito más, naciste en algún lugar abandonado de la mano de Dios. Tus padres (biológicos, no los adoptivos, que sómos nosotros) fueron un Tekker de pelo largo y un pequinés. Quién es el padre y quién es la madre es cosa tuya. El resultado de tan curioso cruce fue un perrito con unos ojos grandes, adorables y alegre; la nariz un poco chata (sin llegar a esa cosa horrorosa que tienen los pequineses por hocico); las patas muy cortas y, como aún eras un cachorrito, aún no sabíamos lo que ibas a tener muy largo. Pronto, cuando creciste, lo supimos.

No obstante, ninguno de estos atributos físicos convencieron a el resto de perros con los que te juntabas en la guardería y uno especialmente grande y cabrón te pegó un buen mordisco en el culo, dejándote para siempre las cicatrices de dos colmillazos enormes tapadas por el pelo y un odio visceral a todos los cánidos que eran más grandes que tú, que en tu caso, eran la gran mayoría. No me mires así, siempre has sido un enano.

Afortunadamente para ti y desafortunadamente para nuestra nevera, tu camino se cruzó un día con el de mi madre. Esa parte de la historia no la recuerdo bien, porque fue hace doce años y nunca me enteré del todo de cómo conseguiste convencerla de que te llevara consigo. Lo que sí recuerdo es que cuando llegué a casa, tenía preparada una sorpresa en forma de bolita de pelos con los ojos redondos y el culo pelado que se escondía de mí debajo de la mesa de café del salón. Tengo ese momento grabado en la retina.

De hecho, no supe que lo recordaba tan bien hasta que, hace tres días, de la noche a la mañana, dejaste de saber andar. En un principio pensamos que, como muchas otras ocasiones, se te habían dormido las piernas. Pero pronto nos dimos cuenta de que no era eso y yo, por alguna u otra razón, desde el primer momento en que te diste de bruces contra el parqué, supe que el momento que tanto tiempo llevaba temiendo estaba muy cerca. Los achaques de la edad eran obvios desde hace bastante tiempo, pero esa caída activó todas mis alarmas. Y desde entonces, cada vez que estoy solo y cierro los ojos, veo cómo te escondes de mí, debajo de la mesa de café.

También recuerdo vívidamente cómo, cuando llegábamos a casa y te habíamos dejado allí, salías a hacernos carantoñas. ¿Te acuerdas de el gritito ese agudo que hacía y con el que conseguía que cantaras? Yo sí me acuerdo: Aaaaaaaaaaaaaoooowwww ow-ow-ow-ow. Cantar se te daba muy bien, te deberías haber dedicado a la música. Ladrar era otra cosa: yo creo que nunca supiste muy bien de qué iba el asunto, pero bueno, las toses esas que producías daban bastante el pego.

Las toses y los ronquidos, que en muchas ocasiones superaban el nivel de ruido de los de los otros dos hombres de la casa. Juntos. Y ensordecía el Boeing 747 que pasaba por encima de nuestras cabezas en ese momento.

Luego, por alguna razón que no recuerdo, empezamos a llevarnos muy mal. Y ya era ladrido (tosido) tras ladrido, constantes atentados a mis zapatillas y mala leche en general. De hecho, esto no ha cambiado ni aún cuando las piernas te han fallado y no podías moverte, hace tres días. No obstante, sé que debajo de toda esa mala leche había un corazón muy grande. De hecho, según el veterinario, demasiado grande. Y esto lo ha hecho mucho más dificil todo.

Espero que entiendas por qué lo hemos hecho. Creo que tú hubieras estado de acuerdo, ya que no podías moverte apenas unos centímetros, te meabas encima y no has vuelto a hacer caca, te teníamos que llevar el agua para que bebieras. ¿Es esto vida? ¿Cuánto tiempo hubieras querido permanecer así? Sabes cuáles son nuestras creencias y que esto lo hacemos porque creemos que es lo mejor para ti. Pero claro, es nuestra lógica humana, que a lo mejor a ti te da igual. Ojalá lo entiendas y, si no lo entiendes, espero que nos perdones. Creo que, a pesar de esto, has tenido una larga y buena vida.

Has sido el mejor perro del mundo durante doce años, Teko. Has sido un amigo que me ha acompañado en un viaje muy turbulento desde mi infancia hasta mi adultez. Y sabes que, aunque Sita esté con nosotros, ella no te podrá sustituir. Porque tú eras Teko y punto. El perro más guapo de Coslada, el terror de las perras y de los cojines que no se recogían a tiempo en casa, aquel que conquistaba los corazones de humanos y cánidos moviendo un precioso rabo de león.

Oh, Teko, cómo te echo de menos y sólo hace un rato que te has ido.

Por cierto, he investigado un poco, y si hay un cielo para perros, supongo que habrá un Valhalla para perros. Creo que te gustará más que el cielo cristiano, porque verás, los que van allí (los vikingos) encajan más con tu perfil: comían mucho y daban mucha guerra. Según la Wikipedia, podrás "disfrutar de banquetes de jabalíes acompañados de hidromiel". No te digo más...

Es broma, es broma.

Ahora, en serio, sea donde sea, vayas donde vayas (si es que has ido algún sitio y no te has quedado tirado echándote la siesta en alguna parte mientras haces esperar al que te está abriendo la puerta), espero que encuentres un lugar mejor. Admito que es dificil porque has tenido posiblemente la mejor vida de perros de la historia.

Adiós, Teko. Hasta siempre.

PD: He puesto una foto en la que te estás bañando con Sita para que pases vergüenza en la otra vida cuando lo vean los otros perros por Internet.

6 comentarios:

  1. D.E.P

    No solo el terror de los cojines, sino también de los peluches y de alguna pierna inocente.

    Un pequeño homenaje: http://www.youtube.com/watch?v=maQw0Y_rh6s&feature=PlayList&p=3EC069BD0A247214&index=0&playnext=1

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  2. He de admitir que pase buenos momentos con Teko.

    Pero bueno, todo llega, pero bueno, hay que echar para adelante y recordarlo con una sonrisa, no con lágrimas.

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  3. He leido esto sobre perros
    Qué gozo oír ladrar a la perrita dando la bienvenida al llegar al hogar; saber que unos ojos aplaudirán nuestra vuelta y se van a iluminar.

    El único amigo absolutamente no egoísta que un hombre puede tener en este mundo egoísta, el único que nunca lo abandonará, el único que nunca se mostrará malagradecido o traidor, es su perro. Besará la mano que no tiene comida que ofrecer, lamerá las llagas y heridas que vienen con la dureza del mundo. Cuando todos los otros amigos fallen, él permanecerá.

    Un perro es la única cosa en la Tierra que te amará más de lo que tú te amas a ti mismo

    La mayoría de dueños de perros llegan por fin a comprender que tienen que obedecer al suyo.

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  4. Me he acordado de los perros que tenía en casa de mis padres mientras te leía.
    Cada uno de ellos era diferente, con dus defectos y virtudes, como todos, pero el dolor de perderlos, era el mismo siempre.
    Ya sabes de qué te hablo...
    Saludos.

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...y ya veremos qué ocurre después.