18 jun. 2009

No habrá otro octubre

Hola de nuevo, lectores. Hasta ahora no he escrito porque he estado más perro que Scooby Doo desde que el pasado día 10 de junio terminé los exámenes. Y la carrera.

Sí, así es. Ha acabado una etapa de mi vida que ha durado 5 años. Ya sé lo que voy a hacer el curso año que viene, pero aun así, es imposible no sentir cierto horror vacui con respecto a tu vida. No quiero imaginar cómo se debe sentir la gente que no tiene ningún plan.

Finalmente, he sacado fuerzas de entre la vaguería y la incredulidad para hacer esta entrada de despedida a la gente que ha estado conmigo cinco años y que, como bien apuntaba una compañera, no habrá otro octubre para que nos reencontremos.

Veréis, una consecuencia asociada a ser una clase pequeña es que las caras no son anónimos iconos a los que pedir apuntes, sino que la relación entre nosotros termina siendo casi de hermandad. Este era nuestro caso. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, nos hemos llevado bien y mal, pero las relaciones han sido intensas. Y los lazos fuertes.

Aún no puedo creer que no habrá otro octubre. No puedo creer que no vaya a ver a Luismi vagabundeando por las clases o sentado a mi lado mientras ignoramos al profesor peñazo de turno, que el millón de millas azules que son los ojos de Marta no vuelvan a iluminar la clase, que Laura no pasee su buen humor embutido en ese cuerpo que todos miraban, que María me quiera tanto y actúe con su naturalidad y desparpajo leonés, que no vaya a compartir momentos de frikismo y conversación con Ana, que Miguel deje de darme clases de cine, que no vuelva a ver la exuberante belleza de una obra de arte llamada Teresa,que no vaya a tener las charlas con Ángel sobre música.

No puedo creer que ciertos ritos pasen a la historia: pedir apuntes a Clara y María, saltarse las clases e ir al Equinocio. Los "me pongo contigo en este trabajo", los "tío, tenemos que entregarlo mañana y no tenemos hecho ni la mitad", los "¿qué tal llevas el exámen?". Las sesiones de estudio en la biblioteca y las de ocio en la cafetería. Las clases de Photoshop donde prestaba mi ayuda gustoso a mis compañeros, y aquellas clases en las que me ponía con otro que sabía para no estar más perdido que un pingüino en un garaje.

No puedo creer que no vea más a los héroes y villanos de las clases, los profesores que nos aportaron tanto a nuestras mentes y corazones como para cambiarnos la vida y la visión del mundo, y aquellos a los que detestábamos por su ineficiencia, maldad o ineptitud.

No puedo creer que no haya más exámenes. No puedo creer que no tenga que conducir más hasta el desvío 41 de la M-40. No puedo creer que la felicidad pura remita ahora paulatinamente, acorralada por la cruda realidad: que no habrá otro octubre.

No habrá otro octubre. Pero este momento es cualquier cosa menos el último día que nos veremos. Decir hasta luego es hipócrita, pero decir adiós es desalentador. Así que me despido como solía hacerlo en este blog.

Un saludo, compañeros. Hasta que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

2 comentarios:

  1. Laura de la Torre18/6/09 13:23

    Carlos, eres el mejor.

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  2. Es duro, cuantas ganas teniamos de terminar... y ahora que... Yo empezaba otra vez 1º de Periodismo.
    Un besico chavales y que tengais mucha suerte.

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...y ya veremos qué ocurre después.