10 may. 2009

"Otro timo no"... o sí, qué coño.

Como todos los que veáis la tele al menos 20 segundos al día sabréis, Ramoncín es jurado de operación triunfo en esta edición.

Pero echemos uno ojo a lo que sostenía en 2002, cuando el fenómeno OT era reciente.

Corren malos tiempos para la música. Como cualquier otra manifestación actual de cultura popular, la música se sostiene sobre dos columnas: el arte y el negocio. Ambos se necesitan. Sin el negocio, la música no llegaría hasta la gente. Sin música, sin compositores, sin intérpretes, sin talento, sin arte al fin y al cabo, el negocio no tendría nada que vender. Hoy, sin embargo, esta ley está siendo profundamente alterada. En el panorama actual, el negocio lo ocupa casi todo, mientras que la música tiende a ser sustituida por un sucedáneo que da el pego. La última maniobra en este sentido lleva por título Operación Triunfo.

Lo que hay es lo que se ve: Operación Triunfo no es más que negocio puro y duro, un programa de televisión en el que se ventilan muchos millones sin ninguna otra consideración al margen. Hasta ahí, todo normal. Lo perverso empieza cuando el programa trasciende sus límites televisivos para entrar a saco en la industria del disco, cuando se monopoliza la presencia de la música en televisión, cuando se acapara el mercado de las galas... cuando todo esto se hace desde la televisión pública.


Al parecer, antes de ver que era una gallina de los huevos de oro, los señores de la industria del espectáculo vieron a OT como una amenaza. El texto está extraído de un manifiesto confecionado en 2002 por la asociación de Periodistas Especializados en Música, Ocio y Cultura (PEMOC) y apoyado por más de un centenar de artistas y profesionales. Entre ellos, el ahora flamante jurado de OT, Ramoncín.

Pero ahora, atención a la mejor parte del manifiesto. Lo he tenido que leer dos veces porque no me creía que el Rey del pollo frito apoyara esto:

Exigimos el reconocimiento de la música como un bien cultural y no sólo como un objeto de rentabilidad inmediata. De no reconducirse este sistema de explotación primaria del negocio musical, el imperativo comercial acabará dañando seriamente a los artistas reales.




Como lo leéis. Hay que joderse.

FUENTES:
-Higroblog
-El Manifiesto completo.

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