29 may. 2009

Ensalada de castañas returns

Una semana sin actualizar... a mi no me miréis, echadle la culpa a los del calendario de exámenes de la Universidad Francisco de Vitoria. Entretanto, desviaré vuestra atención os entretendré con una nueva entrega de la abandonada categoría "ensalada de castañas".

Bien: el pasado 24 de mayo, José María Guelbenzu, escritor, era el protagonista de una de las tribunas de El País. El tema: propiedad intelectual, piratería, derechos de autor... en fin, la temática que lleva reinando de un tiempo a esta parte en Capa y Espada, y que pone en peligro la vida del autor de la bitácora (cualquier día entra la Innombrable a ejecutarme o algo así, visto que ahora entran en las casas como les da la gana).

El caso es que, este señor, que siendo escritor se le presume cierto conocimiento sobre lo que escribe y un nivel de uso de la lengua aceptable, no muestra ni lo uno ni lo otro. Más bien, ignorancia supina y tergiversación y uso vicioso de palabras que llevan largo tiempo secuestradas por el lobby de los derechos de autor. Estas palabras son, por supuesto, "piratería" (comparar el intercambio de archivos con personas que robaban, violaban y mataban a la tripulación de barcos mercantes está un poco feo) e "ilegales", cuando se refiere a las descargas, ya que los tribunales han determinado que el libre intercambio de archivos no es ilegal.

No le culpo. El analfabetismo tecnológico es algo muy extendido, lamentablemente.

Pero vayamos al asunto: el caso es que la tribuna obtuvo una respuesta por parte de Ricardo Galli, quien, en sus propias palabras, es "programador, profesor y empresario, con estudios acabados, sin braguetazo conocido, sin relación alguna con grandes medios ni voluntad de vivir sin trabajar". Galli respondió de una manera muy original: copió el texto original de Guelbenzu y la cambió aquí y allá para ir desmontando todos los argumentos del escritor y contestarlos uno a uno. Aquí tenéis la tribuna de Guelbenzu y la respuesta de Galli.

Me he molestado en seleccionar las partes más memorables de la tribuna y las he comentado, aunque creo que las respuestas de Galli (en rojo oscuro) no dejan lugar a añadiduras de ninguna clase.


Para los internautas, Internet es un espacio de libertad. Ésta es la idea bajo cuya bandera muchos de ellos, consciente o inconscientemente, están cometiendo toda clase de atentados contra la propiedad intelectual.

El acceso a las páginas web permite apropiarse de contenidos que, o bien son pirateados en directo o bien, siendo incluso adquiridos inicialmente, se redistribuyen o se revenden con total impunidad.


Alguien le debería decir a este señor que los internautas no se "apropian" de los contenidos, ni "roban", ni nada por el estilo. Los contenidos siguen ahí, nadie roba nada. Esto, a estas alturas de la época en la que estamos parece que no necesita aclaración... pero algunas personas son más lentas que otras en esto de adaptarse. El contenido, en todo caso, se copia de manera gratuita, no se sutrae. ¿Este señor se ha metido alguna vez en internet? En fin, veamos la respuesta de Galli.

Para ciertos individuos la sociedad tiene una deuda hacia ellos. Ésta es la idea bajo cuya bandera muchos de ellos, consciente o inconscientemente, están cometiendo toda clase de atentados contra la libertad individual gracias a la mal llamada propiedad intelectual.

En la sociedad, la palabra propiedad intelectual lo envenena todo, es la coartada perfecta para toda clase de injurias y calumnias al tiempo que privatizan la cultura.



Mmmh... cabe preguntarse ¿es el derecho a enriquecerse de unos pocos más importante que los derechos fundamentales de toda la población? Sigamos.


Simbólicamente, Balzac es la imagen del autor que se desprendió de la protección de señores y mecenas y fio su fortuna al acogimiento del público. Hasta entonces, el artista creaba a expensas de su protector, ya fuera éste el rey, una institución o incluso un comerciante enriquecido; desde Balzac, el artista, amparándose en la reproducción técnica, empezó a cobrar por pieza vendida. Cuando los intermediarios entraron en escena se montó una cadena de negocio al final de la cual estaban los autores.
Simbólicamente, Victor Hugo es la imagen del autor que a pesar de los favores y dineros que recibía de Luis XVIII o la Reina Victoria no fió su fortuna ni la de sus descendientes a la gracia de sus señores o del público. Hasta entonces, el artista creaba a expensas de su protector, ya fuera éste el rey, una institución o incluso un comerciante enriquecido; desde Victor Hugo, el “artista”, amparándose en la Convención de Berna que ayudó a crear, empezó a reclamar propiedades antes inexistentes, a cobrar por cada pieza vendida y tratar de ladrones a sus lectores. Cuando los intermediarios entraron en escena se montó una cadena de negocio al final de la cual estaban los abogados.
En el fondo, Guelbenzu explica muy bien la situación de parasitismo que se viene dando desde hace mucho tiempo y que constituye el negocio de la ya obsoleta industria cultural tal cual la conocemos hoy en día: un autor crea algo en solitario, todo el mérito es suyo, y posteriormente aparece una cadena de mercachifles que intentan parasitar el éxito merecido del autor, encareciendo el precio final, y por tanto, dificultando su distribución a toda la población. Si yo fuera Galli, incluso había dejado el párrafo tal cual y le hubiera añadido unas anotaciones.



En los últimos años, una figura ha empezado a reproducirse vertiginosamente en el mundo de los internautas: el internauta pirata. El internauta pirata es un ser humano que se dispone a sacar partido de una inversión que ha realizado previamente.

Sacar partido de una inversión no me parece mal, señor Guelbenzu. Supongo que si es librándose del parasitismo de la industria cultural, a usted eso no le mola.

En los últimos años, una figura ha empezado a reproducirse vertiginosamente en el mundo de la cultura: el autor mediocre. El autor mediocre es un ser humano que se dispone, a diferencia del resto de los humanos, a sacar partido de la sociedad cobrando de por vida más noventa años del trabajo que hizo sólo una vez.




El internauta pirata considera indiscutible su derecho a ser pagado por su trabajo, pero, ¡oh paradoja!, considera igualmente indiscutible apoderarse, sin pagar por ello, del trabajo ajeno en nombre de la libertad. De donde venga esta idea es algo misterioso.

Es una práctica habitual entre los escritores y articulistas que padecen una ignorancia supina en cuestiones de la Red intentar tapar sus lagunas de conocimiento con un lenguaje pretendidamente bello y resultón; aunque en su lugar se obtenga en muchas ocasiones una cursilería o una composición abigarrada propia de un tipo muy pedante, al que te dan ganas de partir la cara. Respuesta de Galli:

El autor mediocre considera indiscutible su derecho a ser pagado –de por vida y también sus descendientes– por su breve trabajo, pero, ¡oh paradoja!, considera igualmente indiscutible apoderarse, sin pagar por ello, del trabajo ajeno en nombre de la cultura popular. De donde venga esta idea es algo misterioso.



En nuestros días, el internauta pirata, ordenador en mano, se apropia del trabajo ajeno para su entretenimiento, y si se anuncia minoritariamente alguna medida legal, como en Francia, avisan de que la sortearán, es decir, que seguirán bajándose material ilegal. Toda una declaración de intención; ahí no hay inconsciencia.
En nuestros días, el autor mediocre, influencia política en mano, se apropia del dinero ajeno para su entretenimiento, y si se anuncia mayoritariamente de parte de los expertos de que alguna medida legal es inconstitucional, como en Francia, avisan de que les da igual, es decir, que seguirán insistiendo, calumniando y cobrando al resto de la sociedad. Toda una declaración de intención; ahí no hay inconsciencia.
Zasca.



Yo estoy en contra de cualquier canon, pero a favor de que las descargas se paguen, porque negar la propiedad intelectual y sus derechos es una manera de fomentar la quiebra del Estado de derecho.

Y estoy decididamente a favor de toda la nueva tecnología; pero así como adquirirla cuesta dinero, por la misma razón se debe de pagar dinero por descargarse libros, películas o canciones.
Yo no estoy en contra de pagar un cánon, pero sí a favor de una distribución justa y transparente al tiempo que no se restrinjan las libertades individuales, porque negar la libertad individual es una manera de fomentar la quiebra de la democracia y la solidaridad social imprescindible.

Y estoy decididamente a favor de fomentar la cultura; pero así como generarla cuesta dinero a la sociedad, por la misma razón no se debe de pagar dinero por descargarse libros, películas o canciones que ya han sido debidamente pagadas por todos.
Zascatrasca. Y a modo de punto y final de esta entrada, una frase que Ricardo Galli ha utilizado para describir parte de la situación, y que, curiosamente, yo también utilicé.

Parafraseando a madame Roland al pie de la guillotina: "¡Oh, Libertad, cuántas tropelías se cometen en tu nombre!".
Parafraseando a Goebbels: “¡Oh, Propiedad Intelectual, una mentira, repetida cien años, se convierte en verdad!”.
Pues eso. Hasta que los exámenes me den un respiro.

1 comentario:

  1. Habria que monitorizar toda la actividad de la red de todas las personas que critican duramente la "pirateria", para ver que hacen ellos en sus casas, si ven algo "ilegal", si ven peliculas, series o se bajan música... fijo que no se salva ninguno, NINGUNO.

    Y tampoco me creo que su mujer/marido e hijos, no utilicen internet para los mismos fines que ellos mismos condenan.

    A mí mi padre o mi madre me dice que "internet es malvado, es diabólico y si te bajas algo, malevolgia te sodomizara durante toda la eternidad mientras que barba roja me señala con el dedo diciendo en cada empuje del demonio, "te lo dije". Igualmente me bajaria las cosas que necesito.

    He de admitir que tuve una época en la que descargar era una droga, solo descargar por hacerlo, por el simple hecho de TENER. Pero ahora, solo adquiero cosas que necesito o que me apetecen porque las voy a utilizar.

    No se si lo dije antes, creo que sí, pero ahora las bandas de música, adquieren más fama gracias a internet, menos dinero por discos, claro esta, pero más fans que quieren ir a sus conciertos, yo si fuera el artista, preferiria ver a cientos o miles de personas viendome en directo, que ver a 50, y saber que cientos o miles me estan escuchando en casa...

    Lo de las peliculas... cada vez hacen más mierdas, sino fijaos de que van las guiones de muchas peliculas que salen y no hacen sombra a alguna verdadera novedad. Ciertamente, hay veces que la novedad es algo ya machacado, remake (que se estan poniendo de moda y algunas me tocan los cojones) o segundas, terceras o quintas partes de peliculas... para eso... no me dejo un duro sin leer varias criticas antes.

    Bueno... espero que luego no digas que no hay comentarios.

    Un saludo.

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...y ya veremos qué ocurre después.