18 ene. 2009

"Una flor de litio despertándose, a punto de abrirse"

El hecho de que mi llanto se reprima casi por sí sólo lo dice todo. El hecho de transformar las lágrimas prescindiendo de la crisálida de la angustia, casi pasando a ser directamente desazón y desilusión en vez de la terrible pena que me invadía antes, en tiempos tan lejanos y tan cercanos a la vez. Tantas cosas lo han complicado y facilitado al mismo tiempo: tu dulzura, tu amor, tus ojos sinceros; también tu cobardía, tu indecisión. Ser una niña implica cosas buenas y malas a la vez.

Miento, no es sólo desazón, algo de lo antiguo se entremezcla. Me tiemblan las manos al escribir estas líneas.

Me enamoré de tí desde aquel mediodía en que bajaste del autobús y te confundí con otra persona. Tu cara de niña me cautivó y me apresó. Y tu cariño y tu bondad hicieron el resto. No puedo creer que de aquellos días y sentimientos sólo quede un vago retrato envejecido por el tiempo, el polvo y el maltrato, que ahora está tapado por un trapo en lugar de lucir con orgullo en un sitio especial. Y para tener un cuadro así, no merece la pena tenerlo, a menos que hagas como yo y levantes de vez en cuando, tímidamente, la tela, para añorar la antigua belleza de lo que había al otro lado.

Una canción que detesto dice que "se nos rompió el amor de tanto usarlo". Y de usarlo mal, añadiría yo. Otra que me encanta decía que "hace demasiado tiempo que mis payasadas no provocan tus ganas de reir". Y a mí no me quedan risas para darte, añadiría yo. Y otra canción, casi desconocida, supo acertar como nada lo que era nuestra relación: eras de metal blando, del color de la plata... pero te oxidas rápidamente al contacto con mi aliento... por eso te dije que eras mi Flor de Litio. "Una flor de litio despertándose, a punto de abrirse"... ¿te acuerdas?

En parte fue tu culpa, en parte la mía. Tus juegos y tu indecisión, tus caprichos, no fueron buenos compañeros para mi ambición, mi incapacidad de renunciar a lo que quiero y el irresoluble problema de una voluntad que asfixia, por su naturaleza impaciente, a todo el que está demasiado cerca. Tú no sabías decir "no" con rotundidad y yo no sé que significa "no". Mal asunto.

Qué debilidad la mía, que renuncio a renunciar, qué cobardía porque me escondo de esconderme, cuando es lo que debería hacer. Huir. Pero no es posible. Y es mi culpa.

Nuestros caminos se separarán dentro de poco tiempo. Parece mentira que hayamos pasado tanto tiempo juntos. Primero éramos unos críos. Luego nos separamos y volvimos a encontrarnos siendo más mayores... pero en realidad éramos críos. Sólo eso. Y un buen equipo.

Qué debilidad y qué amor, que me impiden decirte adiós y cambiarlo por un esperanzado "hasta luego". Hasta luego a tí, a tus ojos de niña buena, a todo el cariño, a tus abrazos, a tu sinceridad, al cariño que, quizás equivocadamente, has sabido darme de manera inigualable, hasta luego al modo en que nos ayudamos mutuamente a combatir nuestros demonios interiores y a nuestros enemigos. Nadie me ha querido tanto como tú, y a eso tengo que decir también hasta luego. Y todo por tú no saber ser mi amada y yo no saber ser tu amigo.

Somos críos. Pero algún día sabremos ser mayores.

Adios no, porque jamás podré olvidarme de ti y de todo lo que tú significas, con eso tendré que convivir. Y además, no quiero que desaparezca. No. Es lo único que tengo seguro de ti.

Mejor te digo "hasta luego". Y también "te quiero". Eso siempre te lo diré.

3 comentarios:

  1. Vaya...

    Digamos que esto, hoy por hoy, me ha dado una buena estocada, Scaramouche.

    Gracias por compartirlo.

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  2. Es el relato más puro y lleno de sentimiento que he podido leer hasta ahora.

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  3. Montar un escándalo y, lo que es peor en cólera, porque te quieran de verdad y sin pedir nada a cambio. Un amor puro...en fin no hay más que decir

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...y ya veremos qué ocurre después.