16 mar. 2008

Aclarado el caso Saint-Exupéry

En 2006, cuando estaba en 2º de carrera, escribí esto para el periódico de la universidad con motivo del 60 aniversario de El Principito, el famoso cuento de Antoine de Saint-Exupéry:

"El Principito" cumple 60 años

En 1943 un aviador y escritor de cuna noble llamado Antoine de Saint-Exupery concluyó la obra que le haría célebre en todo el mundo. Nunca llegaría a ver el éxito mundial de su libro, publicado en Francia tres años más tarde. Aquel cuento que desde entonces ha hecho soñar muchos a niños estaba protagonizado por un pequeño príncipe que venía de un lejano asteroide, que difundía un mensaje dirigido a "adultos con corazón de niño".

En un momento de la mañana del 31 de Julio de 1944, los radares de los Aliados situados en la isla de Córcega perdieron la señal del avión de reconocimiento que había despegado pocas horas antes. Nada se volvió a saber de su piloto, el conde Antoine de Saint- Exupery. Un año antes de aquella fatídica mañana, el editor estadounidense Eugéne Reynal estaba almorzando en un restaurante de Nueva York con Saint-Exupery. El aristócrata francés dibujó en una servilleta a un niño con el cabello tieso, vestido con una larga capa y rodeado de estrellas y se lo enseñó al editor. Al verlo, éste animó a Saint-Exupery a convertirlo en el héroe de un cuento. Seis meses después, nació "El Principito" y tres meses más tarde se publicó en Estados Unidos en francés e inglés.

El libro, dirigido en un principio a los adultos, intentaba rescatar sentimientos humanos olvidados y echar a volar de nuevo la imaginación y la fantasía, atrofiada en aquellos deprimentes tiempos de guerra modernos. "Las personas mayores son muy extrañas" decía el protagonista. El libro, a pesar del público al que estaba destinado, fue mejor recibido por los lectores infantiles gracias a la imaginación de la que gozaban. Ellos sí podían ver una boa digiriendo un elefante en lugar de un sombrero, y entendían al Principito cuando éste rechazó el dibujo de un cordero porque el animal estaba enfermo. El país natal de Saint-Exupery estaba en esos momentos estrangulado por el yugo de los nazis. Y no fue hasta 1946, dos años después de la desaparición de su autor, cuando el Principito empezó a leerse en Francia, y por consiguiente en Europa. Desde entonces su colosal éxito le ha hecho tener el honor de ser el libro más traducido de la historia, vendiendo más de 80 millones de ejemplares en 160 lenguas distintas, con más de 500 ediciones a sus espaldas.

Antoine de Saint Exupery, que entonces había sido dado por muerto desde hace tiempo, dejó como herencia una obra maestra de la literatura mundial, cuyo mensaje sigue vigente y pide ser escuchado con la misma fuerza que hace años, en estos tiempos aún más deprimentes, más guerreros y más modernos que durante la Segunda Guerra Mundial

Mucho tiempo después, en 1998, un pescador de Marsella se dirigía a su trabajo cuando encontró en la orilla una pulsera de oro con un nombre que le era familiar grabado en ella. Cinco años después, tras una intensa búsqueda, se encontró un avión en aguas marsellesas. La matrícula militar de la fuerza aérea estadounidense correspondía a un avión que desapareció durante una misión de reconocimiento en 1944, pilotado por un experto aviador francés, cuyos restos mortales yacían en su interior.



Resulta que hoy, leyendo El país, me he enterado de lo que al final le ocurrió a Saint-Exupéry. Copio y pego la noticia.


'El principito' y la Luftwaffe

Un piloto de Messerschmitt Bf-109 con apellido de siniestras resonancias (Rippert) ha anunciado que es el responsable de la muerte de Saint-Exupéry. "Lo abatí yo", ha dicho con el tono de quien reconoce que en su inconsciente adolescencia mató a un ruiseñor a pedradas. Sabíamos que el piloto escritor se había estrellado en el mar -habían aparecido los restos de su aparato en las redes de los pescadores-, pero no la causa. Acaso un infarto, problemas con la máscara de oxígeno o suicidio. Finalmente, resulta que lo cazaron.

Ningún derribo puede ser tan poco honorable, tan triste. Saint-Exupéry era ya un piloto viejo, veterano de Aéropostale, de los Andes, del norte de África, cubierto de heridas: había caído tantas veces, en el Sáhara en 1935, sobre las arenas doradas -por las que hubo de caminar durante días-; en Guatemala, en 1937, sobre la selva. No creía en la heroicidad de la guerra ("la guerra no es una aventura, es una enfermedad, como el tifus", decía).

Su mirada a través del cristal de la carlinga no era la de uno de esos sanguinarios cazadores, young bloods, aves de presa ansiosas de pintar marcas de aviones enemigos en su fuselaje. Saint-Exupéry, en misión de reconocimiento, no buscaba rivales, volaba, se fijaba en el sol, en el viento, en las estrellas, en la disposición de las nubes y en las extrañas formas que éstas adoptan. Inventaba historias, soñaba. No albergaba demasiadas esperanzas sobre su futuro.

Cuando el depredador alemán lo encontró sobre el Mediterráneo, no tuvo más que colocarse a su espalda y apretar el disparador de sus cañones. Una presa fácil. Súbitamente arrebatado del cielo, Saint-Exupéry cayó, su Lightining P-38, una estrella fugaz, plata ardiente siseando al encontrarse con el mar.

Hay algo que nos conmueve en la caída de todo aviador -criaturas del aire desprendidas de su elemento, revelada su fragilidad-. Richtofen cayó, cayó Douglas Bader -el legendario piloto sin piernas de la RAF-; cayó sobre su amada África Dennis Finch-Hatton, el amante de Karen Blixen, en un aeroplano Gipsy Moth igual que el del conde Almásy de El paciente inglés. Cayó sobre el ignoto Pacífico la bella Amelia Earhart -su misterio aún no ha sido desvelado-. Alas efímeras. Ícaros todos. Pero ninguno como Saint-Exupéry, porque con él viajaban la poesía, los baobabs y las rosas. Y ese pequeño príncipe que le salvó una vez de las dunas, pero no pudo nada contra los crueles proyectiles de Horst Rippert y la negra sombra de la guerra y de la Luftwaffe.



Y así se pone fin al misterio de la muerte del conde que inventó el principito. Ahora vamos a hablar de ciertos elementos de la información de El país que no me cuadran.

Vamos a ver. ¿Qué es eso de que no se sabía cómo había caído el avión de Saint-Exupery? Veamos. Si, tal y como afirmaba yo en lo que escribí, encontraron el avión, me imagino que, si lo derribaron, el P-38 tendría agujeros de bala. Con lo cual, digo yo, debería saberse de antemano que no fue precisamente un infarto lo que mandó el pájaro al agua. Lo que faltaría por averiguar es quién lo derribo, pero no que le sucedió. Si te encuentras a un tipo con un hacha clavada en la puñetera cabeza, no preguntas qué le ha pasado, sino quién ha sido. "Un suicidio"... sí, claro: abrió la carlinga, sacó una ametralladora de calibre 20mm (más o menos, el calibre de las armas que estos aviones llevaban montadas) y ametralló la cola de su avión.

Segunda cosa que me ha llamado la atención. El artículo de El País dice "Saint-Exupéry, en misión de reconocimiento, no buscaba rivales, volaba, se fijaba en el sol, en el viento, en las estrellas, en la disposición de las nubes y en las extrañas formas que éstas adoptan. Inventaba historias, soñaba". Joder, lo pone de una manera que es imposible no pensar: "claro, si iba haciendo el gilipollas y cazando musarañas, no me extraña que ni se enterara de que se le había puesto un maldito Messerschmitt en la cola. Si es que... y eso que el tipo estaba en una misión de reconocimiento... madre mía". Hombre, yo cuando me toca trabajar o hacer un trabajo de la universidad, lo hago, no le escribo una narración o me pongo a leer un libro o a jugar al ordenador. Digo yo que Saint-Exupéry no sería tan estúpido, mucho menos cuando se jugaba la vida.

Y tercera cosa: "Cuando el depredador alemán lo encontró sobre el Mediterráneo, no tuvo más que colocarse a su espalda y apretar el disparador de sus cañones. Una presa fácil. Súbitamente arrebatado del cielo, Saint-Exupéry cayó, su Lightining P-38, una estrella fugaz, plata ardiente siseando al encontrarse con el mar". Suena como si echara la culpa a Rippert por haber cometido una atrocidad fuera de lo normal. Yo pienso que si tu misión es patrullar un sector y derribar aviones de reconocimiento enemigos, no te vas a preguntar si dentro va un literato. Lo derribas y punto. ¿Os imagináis como sería la escena si no?

-BF 109 a P-38, ha entrado en territorio alemán y vamos a derribarle. Prepárese a morir.
-Oh, cielos, ¿de verdad? Verá, es que yo soy un literato francés importante que ha creado el que dentro de unos años será el cuento más traducido de la historia, ¿le importaría no derribarme?
-Vaya, menos mal, que lo ha dicho, señor. Nuestras órdenes son derribar a todos los aviones aliados a menos que tengamos la certeza de que son personalidades del mundo de la cultura o gente famosa. Pues nada, amigo, vaya, vaya y adéntrese en territorio alemán, tome las fotografías necesarias y vuelva a su base; que yo me vuelvo a la mía a informar a mi comandante del éxito de la misión de patrulla y a comerme una tortilla de kartoffen. Que tenga usted un buen día.


Por favor...

Hay que ver lo tiquis-miquis que soy, ¿eh?

Un saludo,

-Scaramouche-

6 comentarios:

  1. Puede que seas un tiquis-miquis, pero razón tienes.
    Pero hay que tener en cuenta que a lo mejor le dijeron, "queremos un articulo con este número de palabras" o "con este número de lineas", no se como va eso, y el tio diria, "pos me pongo poético y dramático"

    Pero bueno, se podria haber hecho de otra manera, la verdad.

    Un saludo

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  2. La noticia la leí hace un par de días en otro periódico, pero bueno, al fin y al cabo resulta extraño el silencio del piloto alemán durante tantos lustros.

    En cuanto al principito en su día lo leí y me pareció tedioso, quizás ahora le encuentre algún significado...

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  3. Interesante texto

    se que el principio hay que leer en 3 etapas de la vida: durante la niñez, durante la juventud y durante la adultez..siempre habra un msje importante


    saludos cordiales

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  4. Adrían: eso ocurre en todas las redacciones "of the world", pero hay que procurar no meter gambazos.

    Van Boto: ¿te lo mandaron leer o te lo leiste por tu propia voluntad? Esa puede ser la diferencia entre cogerle simpatía o asco a un libro. Hay que verlo con la perspectiva de un soñador, supongo. A mí no me pareció tedioso (entre otras cosas por que es muy poco extenso), pero no es mi tipo de lectura preferida.

    Matthew: bienvenido.

    José Carlos: Hombre, es cierto: el "nazi-texto" ese que encontraste... cualquier día lo coloco por aquí.

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  5. Menuda labor de investigación, ¿no?

    Yo algo sabía de cómo murió Saint-Exupéry,pero no la información completa. Es otro misterio como el de Glen Miller, que también acabó su vida en teoría abatido por un avión alemán durante la 2ª Guerra Mundial...

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...y ya veremos qué ocurre después.