19 feb. 2008

Randómicos de afuera a dentro

Hola de nuevo, lectores. Mis disculpas por mi pequeña ausencia esta semana, pero lo cierto es que he estado algo ocupado. Durante este tiempo han ocurrido algunas cosas importantes que comentaré (o quizás no, según me apetezca), algunas de ellas parecían imposibles: hoy mismo, Fidel Castro ha anunciado que deja el poder en Cuba (Can you believe it?), y hace unos días se han intentado cargar al danés que publicó las caricaturas de Mahoma, España ha bajado puntos en la escala de Reporteros Sin Fronteras sobre la libertad de expresión, y otros tantos asuntos.

Pero voy a hablar del asunto que me ocupa. A pesar de lo que piensen algunos, mi vida no es tan dispersa como parece. Es cierto que soy un diletante amante de los libros y eterno estudiante (y eterno voy a seguir siendo si no apruebo Producción periodística en septiembre), pero a veces actúo como mercenario lingüístico y doblador para cierta empresa editorial médica que necesita una voz bonita para locutar algo o un corrector ortográfico y gramatical para que el conocimiento de los libros y publicaciones educativas que escriben los médicos lleven un grado aceptable de corrección. Sí, amigo estudiante de medicina, cardiólogo en prácticas, quasi-neurólogo, semi-inmunólogo. Es posible que el material con el que te formas esté levemente tocado por mi salvífica mano. Flores pa’ mí, por favor.

Y precisamente hoy se ha activado la Scaramouche-señal. Rápidamente, Alfred (cuya labor recae en mi madre) me ha informado durante mi trayecto de vuelta de la universidad de que se me necesita para salvar un manual de dermatología de las garras de los médicos asesinos del castellano. Cuando llegué a la zona de combate tuve que sortear desde descuidadas frases que no acababan en punto y los típicos acentos y comas mal puestos a algunos errores estilísticos no demasiado graves. La mayoría no demasiado graves...

Veréis: corregir es como un Beat’em Up. Para aquellos no entendidos en el mundo de los videojuegos, me refiero a los juegos conocidos en España como “tú contra el barrio”, tipo Streets of Rage o Cadillacs and Dinosaurs, en los que el personaje que manejabas se enfrentaba a un montón de malos malosos de poca monta que duraban dos guantazos. Bien, estos son los acentos, las comas descuidadas, las preposiciones innecesarias o su ausencia donde no son necesarias, etcétera. Pero claro, esto no es todo: está el jefe de final de fase: más duro, más fuerte y que de vez en cuando te costaba alguna vida entera acabar con él. Pues en el mundo de la corrección estos jefes finales se traducen en expresiones como “[el crecimiento del pelo] es randómico” o “La piel se compone de tres capas que son de afuera a dentro, la epidermis, la dermis y la hipodermis”. Y a mí no se me consume una vida, pero sí que envejezco un año de repente por cada pamplina de este tipo que veo.

¿Randómico? ¿Qué pasa, que a todos nos ha afectado José María García y su “esponsorizado”? ¿Es que la invasión de anglicismos innecesarios en las empresas, como Product Manager y Chief Executive ha llegado a estos puntos? ¿Qué coño es esto? Para el que no lo sepa, este híbrido grotesco de palabra castellana e inglesa viene de la palabra random, que en la lengua de Shakespeare significa “aleatorio”. Bien, pues que alguien me explique por qué el zopenco que ha escrito lo que estoy corrigiendo no ha utilizado esta bella palabra cargada de vocales y de interesante sonoridad y ha tenido que inventarse la chorrada esta de “randómico”. Si es que al pronunciarlo se te pone cara de estar chupando limones

¿Y la de “de afuera a dentro”, qué me decís? Por Dios, espero que no todos los médicos se expresen así. ¿Os imagináis que los cirujanos utilizan realmente estos términos en un quirófano? “Oye, Martínez, corta esto alargao que está aquí metío” “¿Lo de acá pa acá o lo colorao?” “No, eso que está así como 'incustrao' en el husecico ese”. Me da escalofríos sólo pensarlo.

Terminaré diciendo que los médicos son uno de los grandes pilares de la sociedad moderna al ser la base de la salud de la población y son la profesión más valorada de todas.

Pero, demonios, ¡APRENDAN A ESCRIBIR!

Un saludo,

-Scaramouche-

6 comentarios:

  1. Esto es lo que pasa, que cualquiera se cree que puede traducir/redactar... y así debería ser si no estuviera tan malita la cosa en el cole.

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  2. Según diría Goethe “El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro.” Aquí hay que aplicarse el cuento una persona que raja la piel humana para modificarla a su antojo es como el carnicero con su presa, se convierte en bárbaro. No es plan de contar el “Arte de la Guerra” omitiendo su jerga habitual sangre, destrucción, fuerza, perspicacia, etc pero si utilizarlo con estilo. Hay viene el problema, saber utilizar los términos adecuados en el medio adecuado, a bárbaros háblales como a bárbaros, ya que así será la mejor forma de que lo entienda.

    Es como si a un economista le hablas en términos astrológicos o químicos o físicos o del termino que sea, no lo entenderá pero si entenderá sus propios conceptos o términos del cual procede.

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  3. Hombre, Sodlogan, hacia tiempo que no dejabas un comentario aquí. Gracias. Y también a José (pero tío, cuida esa ortografía...).

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  4. ¿Por que has utilizado Martínez? Joder, ya se que meto mucho la gamba, en question de ortografía, pero....te has pasao un pasote,¿eh? Que lo sepas

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  5. Increiblemente pedante, lo utilizo esta ultima como sustantivo y no como adjetivo. Boto un dia te lo dijo en su blog o no se donde pero yo te lo digo como sustantivo.

    Otra vez intentare "comentar" una entrada con el dicccionario de la RAE en la mano y con algún libro de sinonimos y antonimos, para el menester del creador.

    No escribe quien sabe esribir sino el que quiere expresar, da igual la forma, la finalidad de escribir es comun para todos.

    Aqui el principio del fin, y de la cuestión en general.

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  6. Me alegro de tu vuelta... y en lo tocante a tu divertido tema estrella... te chirriarían los oídos con mi profesor de Diseño Objetual I, especialista en inventarse adjetivos y palabras que NO EXISTEN. Como lentejoide, limpiabilidad, ahundar, transportivo...

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...y ya veremos qué ocurre después.