23 sept. 2007

"Cuando en el mundo aparece un verdadero genio...

...puede identificársele por un signo: todos los necios se conjuran contra él".

-Jonathan Swift.


Por recomendación de un buen amigo, con gustos algo underground y de culto para esto de la literatura (y no por eso de calidad menor, sino más bien lo contrario), leí este verano La Conjura de los Necios, de John Kennedy Toole, uno de esos autores que al final les da por suicidarse, quedando como unos desconsiderados antes los fans. Claro, que como el señor Toole se puso a inhalar el monóxido de carbono del motor de su coche (cosa que es muy mala para la salud, no lo intentéis en casa) antes de que se publicara La Conjura (precisamente, porque nadie se la publicaba), podemos decir que no dejó a ningún fan de lado.


Una caricatura de Ignatius J Reilly


La Conjura de los Necios. Para mentes poco despiertas, una comedia de enredo medianamente inteligente y enrevesada con partes que, en ocasiones, se hace tediosas. Para los más avispados: una crítica social y moral demoledora suministrada con dosis de buen humor y situaciones embarazosas. La historia de Ignatius J. Reilly y todos los que son tocados por su rolliza presencia.

Para que os hagáis una idea de quién es este personaje, utilizaré la breve y acertada descripción de Ignatius en la contraportada de la edición que adquirí hará cosa de un mes y pico: “una mezcla de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y Santo Tomás perverso”. Ignatius se enfrenta a una sociedad que cree decadente (con bastante acierto, según logrará ver el lector) desde la Edad Media. Se niega a trabajar, a practicar sexo, sale a la calle lo justo, se relaciona con el mínimo imprescindible de gente y trata a patadas a su estrafalaria madre alcohólica. Hasta que un día, el destino, en forma de accidente de coche, le obligará a salir a la calle a buscar empleo y relacionarse con lo más bajo y no tan bajo de la sociedad de Nueva Orleáns.

A lo largo de la novela, Ignatius intentará inculcar a todo el que se cruza en su camino su estrafalaria y moralista visión del mundo. Aquí está el mensaje de crítica. Utiliza un recurso tan bueno como el de la exageración, de tal modo que los preceptos de Ignatius son ridículos y exacerbados, pero es así precisamente como nos hace ver el daño que el relativismo, el capitalismo feroz y ciertas tendencias de pensamiento han hecho en el tejido social y en el hombre.

Si bien Ignatius es un miserable, es un miserable con ideales. Al principio se nos presenta como el villano, el anti-héroe, el marginado social. Pero a medida que vamos conociendo a los otros personajes nos preguntamos ¿es Ignatius el más miserable, o lo son las personas “normales y corrientes” de la sociedad: sus delincuentes comunes, empresarios, fuerzas del orden, etcétera? Una autocrítica feroz que hace que el lector vea los males de nuestro tiempo con los ojos de los valores del pasado. Posiblemente uno de los puntos fuertes del libro se podía resumir con la frase “cualquier tiempo fue mejor”, Ignatius explicará por qué.

No voy a hablar más del libro porque lo considero una lectura recomendada para todo el mundo y nunca me ha parecido bien chafar las tramas, pero sí voy a añadir algunas perlas de Ignatius:

“La comida enlatada es una perversión. Sospecho que en el fondo es muy dañina para el alma”.

“...muchos negros desean convertirse en miembros activos de la clase media norteamericana. La verdad es que no puedo entender por qué. [...] Yo, personalmente, protestaría con todas mis fuerzas si sospechara que alguien intenta auparme a la clase media.”

“Si un blanco de clase media fuera lo bastante suicida como para sentarse a mi lado, imagino que le golpearía sonoramente en la cabeza y en los hombros con una maza, arrojando, con suma destreza, un cóctel molotov a un autobús atiborrado de blancos de clase media con la otra”.


(a su madre, tras volver a casa cubierto de los arañazos de un gato) “Tuve una batalla casi apocalíptica con una prostituta hambrienta”.

“A esa mujerzuela liberal habría que empalarla con el miembro de un garañón especialmente bien dotado”.

“Mi organismo debe de segregar algún olor que les resulta especialmente atractivo a las autoridades gubernativas”.

(a un homosexual del tipo loca) “Sospecho que bajo tu fachada ofensiva y vulgarmente afeminada puede haber alguna especie de alma”.

(sobre la idea de su madre de ingresarle en un psiquiátrico) “Intentarían convertirme en un subnormal enamorado de la televisión y de los coches nuevos y de los alimentos congelados. ¿No comprendes? La psiquiatría es peor que el comunismo. Me niego a que me laven el cerebro. ¡No seré un robot!"


Toole, como los artistas legendarios, nunca llegó a disfrutar de su obra cumbre. Finalmente, un editor se lanzó a publicar la novela tras comprobar la calidad. Toole obtuvo el Pulitzer a título póstumo. La novela caló muchísimo en la sociedad norteamericana que, para su desgracia, no hizo ni puto caso a las críticas del autor. En muchas universidades e institutos se convirtió en lectura obligatoria. Popularizó tanto la ciudad de Nueva Orleáns, donde se desarrolla la novela, que la ciudad levantó una pequeña estatua de Ignatius en el número 800 de la calle Iberville, junto a los almacenes D.H. Holmes, el lugar donde comienza la novela.

El lector inteligente no se arrepentirá de leer La Conjura de los Necios. Palabra.

Un saludo,

-Scaramouche-

4 comentarios:

  1. Ay, "La conjura..." qué buenos, buenísimos ratos me hizo pasar. Creo que la habré leído unas dos veces y cada vez me gusta más el personaje de Santa Battaglia, la adoro...

    La frase de Swift no puede estar más acertada (y es el prólogo del libro, si mal no recuerdo). El libro es asquerosamente rocambolesco pero es indefinible, no tiene un estilo predeterminado, engancha como lo mejor de Sharpe...

    Creo que definitivamente me dejó huella cuando Ignatius se ponía a tono pensando en su fallecido perro.

    Muy buena crítica.

    ¡Viva Ignatius!

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  2. Buenas,
    pinta bien el libro, si tengo tiempo lo leeré, que ahora estoy con los clásicos...pero bueno supongo que de aquí a 10 años acabarás como Ignatius sr.scaramouche...
    La frase “Mi organismo debe de segregar algún olor que les resulta especialmente atractivo a las autoridades gubernativas” en su versión bastante más soez creo habersela escuchado a varios de mis amigos...

    Por cierto, el cambio de look del blog está muy bien, ahora es más un blog con clase.

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  3. Lucinda: mi personaje favorito... es dificil decidirse. Me gustan Jones y la señorita Trixie (pobre mujer...) Y sí, la frase está justo antes de la historia.

    Bohemundo: ¿tanto mal y tantos lípidos me deseas para que acabe como Ignatius? Gracias por lo del blog, aunque ese comentario, "con clase", delata esnobismo galopante.

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  4. Lo de el cebamiento, con unas cervecillas y reclusión en tu casa lo consigues,ánimo tu puedes¡¡

    ¿Lo del esnobismo debería ofenderme?, el blog está con bastante movimiento, muy bien, vas a conseguir que sea un blog influyente...

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...y ya veremos qué ocurre después.