17 abr. 2007

Descubrir la poesía que llevamos dentro...

APUNTES
-Lo menos importante en la expresión poética es la expresión poética.
2º-No me gusta la poesía ni los poetas.
3º-Descubrir la poesía que cada uno llevamos dentro.


Con estos tres mandamientos comenzó la tercera sesión del taller de poesía, titulada “Expresión Poética”. Sintiéndome algo insensible y hecho al hábito del estudiante, tomé nota de estos tres axiomas según hablaba de ellos Álvaro Abellán, profesor “multiusos” de Periodismo. Lo cierto es que ni lo pensé. Simplemente mi mano se deslizó sobre unas hojas grapadas que nos habían dado con unos cuantos poemas, cantos y canciones, la mayoría desconocidos para mí. Quedaron al pie de Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo. “Bonitos zapatos para Julia”. Miré a mi alrededor, intentando ver si alguien más había cometido el mismo sacrilegio poético y me sentí mucho mejor al ver que Julia tenía más pares de zapatos.

“Lo menos importante de la expresión poética es la expresión poética, joven aprendiz”. Parecía que Obi Wan Kenobi se había metido a poeta. Tiendo a abrir antes de tiempo la boca, así que decidí no arriesgarme a meter la pata y no hacer la primera pregunta o aventurarme el primero en intentar sacar una conclusión de las enigmáticas enseñanzas de Obi Wan Abellán. Miré a los que se encontraban presentes allí, en la sala común de la residencia femenina de estudiantes de la Universidad Francisco de Vitoria: todas chicas. “Más razón para no cagarla”. Andrea, la única a la que conocía con anterioridad se aventuró a preguntar y el profesor contestó. Básicamente quería decir que detrás de la expresión, de la lectura de la poesía hay todo un trabajo de creación detrás, que es lo realmente importante. El resto es actuar. “Y aquí es donde entra la segunda enseñanza: No me gusta la poesía ni los poetas”. Pregunté: y recibí una curiosa respuesta: “el poeta antes que poeta es persona y tiene que saber ponerse en los zapatos de los demás. Un poeta que hable desde su estatus de poeta y una poesía que hable desde un estatus de poesía no me gustan, ya que la poesía es la expresión de las personas, de los más íntimo. El poeta es el embudo y la vida el Viento”. ¡Toma ya! Definitivamente, hubiera hecho bien en venir a las dos anteriores sesiones...

Por supuesto, unió el segundo y tercer mandamientos: “Descubir la poesía que llevamos dentro y expresarla”. “La poesía es la expresión de los más humano. ¿Qué ritmo llevamos dentro cada uno, qué versos, qué manera de entender?” dijo el Maestro. “Vamos a verlo en el siguiente verso de Fernando Pessoa”.

ME DAN IGUAL LOS RÍOS...

El Tajo es más bello que el río que corre por mi aldea,
pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi aldea
porque el Tajo no es el río que corre por mi aldea
.


-¿Qué quiere decirnos Pessoa? –Abellán habla siempre en susurros. En una velada poética como la que nos ocupaba.

-Que el tajo es el río más bello que existe –dije, creyendo haber entendido un supuesto juego de palabras utilizando un mecanismo mental que ahora no sabría describir.

-...Mhhh... No. No quiere decir eso.

Muy bien, chaval, primera cagada por abrir antes de tiempo la boca. Sabía que iba a pasar. Parecía que había dicho una auténtica gilipollez porque las chicas se miraban entre ellas como diciendo “Espera, que ha hablado el lissssto”. Decidí meterme la lengua en el culo un rato.

-Quiere decir que aunque el Tajo es el río más bonito objetivamente, para el poeta es más bello el de su aldea por ser el de su aldea. Pessoa siente algo especial por ese río, el de su aldea –dijo una de las chicas.

-Exacto. Eso es. El poeta nos muestra un sentimiento personal, una coyuntura subjetiva. Para sus ojos, el río de su aldea representa algo superior a la belleza indudable del Tajo.

Me di cuenta de mi torpeza y esperé a que pasaran a otro poema para empezar a participar un poco. A mí, personalmente, me pareció sin interés la comparación de dos ríos, por muchos recuerdos que le traiga el de su aldea. Como si es el Ganges para sus habitantes.

PARECE UN EPITAFIO

En el principio creó Dios la luz... y la sombra.
Dijo Dios: Haya luz
y hubo luz.
Y vio que la luz era buena.
Pero la sombra estaba allí.
Entonces creó al hombre.
Y le dio la espada del llanto para matar la sombra.
La vida es una lucha entre sombras y mi llanto.
Vendrán hombres sin lágrimas...
pero hoy la lágrima es mi espada.

Vencido he caído mil veces en la tierra,
pero siempre me he erguido apoyado en el puño de mi espada.
Y el misterio está ahí,
para que yo desgarre su camisa de fuerza con mi llanto.

El llanto no me humilla.
Puedo justificar mi orgullo:
el mundo nunca se ha movido
ni se mueve ahora mismo sin mi llanto.

No hay en el mundo nada más grande que mis lágrimas,
ese aceite que sale de mi cuerpo
y se vierte en la tumba al pasar por las piedras molineras
del sol y de la noche.

Dios contó con mis lágrimas desde la víspera del Génesis.
Y ahí van corriendo, corriendo,
gritando, y aullando
desde el día primero de la vida, a la zaga del sol.

Luz...
cuando mis lágrimas te alcancen,
la función de mis ojos ya no será llorar
sino ver.


-León Felipe tiene una idea muy clara, un mensaje que quiere transmitir con este poema. ¿Alguien sabe que es? – Abellán nos miró inquisitivamente. Decidí hablar, pero con más precaución.

-Bueno: la luz parece la felicidad, pero hay una serie de tinieblas, de sombras recubriéndola, que es la tristeza o el sufrimiento. Y parece que también quiere decir que la única defensa contra ese sufrimiento, la espada para matar la sombra, es el llanto.

-Exacto. Eso es.

-Yo creo que es como una manera de desahogarse ante la tristeza, una manera de combatirla, ¿no?- “Gracias por repetir lo mismo que yo, zorra”.

-¿A qué os recuerda?

-A mí a Bécquer. Entre sus temas está la tristeza, la nostalgia o... el combate contra la tristeza. – Bécquer es prácticamente el 90% de mis conocimientos de poesía.

-Sí, son similares. En el caso de Felipe es el la tristeza en general, el sufrimiento humano. En el de Bécquer es el desamor. Bien, buena comparación. Vamos a leerla de nuevo, marcando el ritmo.

Dicho y hecho. Leímos un verso cada uno y luego Álvaro hizo algunas correcciones acerca del ritmo.

-“No hay en el mundo nada más grande que mis lágrimas, ese aceite que sale de mi cuerpo y se vierte en la tumba al pasar por las piedras molineras del sol y de la noche”. No te pares, no hay pausa entre versos. El cabalgamiento es un error común a la hora de leer poesía.

-Parece un epitafio –pensé que quedaría muy bien en mi tumba...

Esperé al siguiente poema al ver que era el único que conversaba con Abellán sobre el poema. Así me cogerían un poquito menos de asco las presentes. “Ya lo harán cuando se den cuenta de que me ha abandonado el desodorante desde por la mañana. Maldito transporte público atestado, maldito calor y maldito jersey...”

El resto de la velada transcurrió en la misma línea con algún poema más: averiguar lo que con sus versos querían expresar los autores. Después hubo alguna lectura conjunta y las dos horas que duró la velada se pasaron volando. Finalmente, Andrea y yo salimos de la residencia femenina de estudiantes de la universidad en dirección al parking.

-Voy a ver si está Luismi en el Mirada XXI y nos vamos. Si eso, vete acercado el coche aquí.

-Okey. Lo acerco y te espero.

TIENES QUE VENIR

No encontré a Luismi. Seguramente se fue en el endiablado interurbano 657 acordándose de nuestra familia cuando pasaba media hora de la hora en la que se suponía que tenía que acabar el taller y no vinimos a recogerle. Pero de camino me encontré a Sickboy y le comenté lo del taller de poesía.

-Tienes que venir al siguiente.

-¿Y eso?

-Viene Tomás Alfaro...

Se mostró incrédulo. Supongo que sería la ilusión. Había una oportunidad de acabar con semejante criatura por escribir “La victoria del Sol”, un montón de páginas bastante coñazo y con un estilo de prosa que no es precisamente un paradigma cervantino. “No me jodas”, “Pues sí, pues sí”...

Pues habrá que volver. No sólo por Tomás Alfaro...

2 comentarios:

  1. La poesía.....Querido compañero, la poesía es algo raro. Puede que a todos nos sude un pie toda la vida, pero hay que reconocer que algunas poesías son algo maravilloso.

    De hecho, hace un tiempo; y como terapia personal me dediqué a ellas; logrando elogios del mismíchimo Javier Mula (aún tiene mi poema, el tío...). Y lo disfruté, te recomiendo (si no lo haces, claro) que algún día escribas unas cuantas. Mola.

    Y para mí, el culmen de la poesía mundial es ésta, bien conocida por todos:


    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

    Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

    El viento de la noche gira en el cielo y canta.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

    Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.

    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

    La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

    Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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  2. Sí, señor: Neruda, uno de los más grandes.

    Lo cierto es que alguna vez he intentado ponerme, pero soy un negado. Quizás intente repetir el intento algún día.

    Gracias por comentar, figura.

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...y ya veremos qué ocurre después.