11 mar. 2007

Memorias del Caribe (2ª parte)

FUERA DE LA CIUDAD PROHIBIDA: ¿QUIERES DROGA?

Observad a este ser.

Este individuo se llama Luis Miguel López. Mirad las pintillas que lleva: melenilla semirrubia estropajosa rollo “wild thing”, barbita post-moderna, gafas de pasta intelectualoides... decidlo, amigos “¡Qué ‘grunge’!” “¡Qué picaresca!”. Pero su look tiene un potencial oculto, un superpoder que se activa cuando un camello pasa cerca de él. Para los vendedores de "droja", abundantes en Punta Cana, Luis Miguel es un letrero de neón que reza: “Compro maría y/o farlopa”.

Me explico. Resulta que se nos antojó jugar un partido de voleibol y no teníamos balón. Así que Luismi, Ales, María (la chica del pareo en la segunda foto de la primera parte de Memorias del Caribe) y un servidor nos aventuramos más allá de los muros de nuestra Ciudad Prohibida del lujo y el hedonismo alcohólico. Según salimos del enorme complejo que es el Bávaro Princess, justo después de cruzar la calle, seis individuos salen de la nada gritando “¡ESPAÑOOOLEESS!”, “¡ESPAÑA, HOLA, AMIGOS, QUÉ TAL!” y un montón de variables más seguido justo después por un invariable “¿Queréis comprar algo?”. Nos los quitamos de encima con algo de dificultad y nos dirigimos a las callejuelas plagadas de tiendas donde comprar el dichoso esférico.

En un momento llegamos a una esquinita con un tío sentado junto a un montón de cuadros típicos de allí para encasquetar a los turistas. Luismi se acerca para preguntar por una tienda donde vendan balones.

-Disculpe, ¿sabe donde podemos comprar un balón?
-¿Cómo un balón?
-Sí, un balón... una pelota...
-¡Ah, una pelota! No, no...
-¡Ah, vale, de acuerdo!, pues nada muchas grac...
-Oye, ¿no queréis maría?
-...no, no, gracias...

Cuando asistí a este momento, perplejo por el giro que había intentado darle a la demanda el vendedor de cuadros-camello, ni me imaginaba la de veces que se iba a repetir esta escenita. Justo después de abandonar a tan singular personaje, seguimos buscando y una tía PE-SA-DÍ-SI-MA nos aborda diciendo algo como “Venid a ver mi tienda, aunque no compréis nada, venid a verla” Al final, el comandante de la expedición, Luismi, tuvo que ponerse borde ante tanta insistencia. Yo no hubiera tenido tanta paciencia y hubiera recurrido a la violencia o a la huída desesperada, de cabeza a la Ciudad Prohibida.

Finalmente encontramos un lugar por el que nos vendieron un balón (revendieron, más bien) por 27 dólares, buenísimo, nos aseguraron. Nos duró un partido. Pero vamos a lo que vamos: la venta de droga. Recuerdo otro momento, un día en que salimos de la Ciudad Prohibida para intentar buscar a unos gambiteros que nos habían sacado de la cama intentando convencernos de que nos fuéramos a Mangú... pero esta historia la contaré más adelante porque tiene traca. Como iba diciendo, en es ocasión también fue muy divertido otro momento en el que un tío paró con su moto al lado nuestro.

-¡Eh, eh! Mangú, Mangú. Os llevo a Mangú.
-No, no gracias, nosotros...-contestó Luismi entre tímidas risas.
-¿Queréis farlopa? ¿Eh, eh?.
-No, no, gracias, no.

No pude evitar reirme. En otra ocasión, unos días después, intentaron abordar a Luismi en la playa, pero esta vez de manera indirecta. Esta vez fue un tío que no se qué quería vender ni qué hacía ahí, pero el caso es que llevaba ya un ratito hablando con Ales cuando se produjo el siguiente diálogo:

-Oye, así en confianza... yo tengo una María buena- dijo el camello, sonriendo como la mayoría de los dominicanos sonríen, con una simpatía natural mezclada con la típica sonrisa de charlatán.
-No, gracias, no compramos.-contestó Ales. El tipo miró sin pensarlo un segundo a Luismi, que estaba distraído en la hamaca de al lado.
-Pero tu amigo sí que fuma, ¿no?.

Cuando ya pensaba que no podía ver más descaro, mis esquemas se rompieron otro día a la salida del Mangú, cuando Ales, Lusmi y yo íbamos haciendo el idiota después de que tres tías con las que habíamos quedado de madrugada tras conocerlas en una excursión nos dejaran plantados. Salido de la nada, un tío nos suelta, sin pararse ni un momento:

-¿Queréis farlopa?- y siguió con su camino como si nunca se hubiera cruzado con nosotros.

Ahí no pude más y me empecé a descojonar según soltó la frasecita. Ales me dio un par de codazos de advertencia para que no fuera tan descarado, pero instantes después, él y Luismi estaban partiéndose como yo.

De izquierda a derecha, Ales, Luismi y un servidor. ¿A que mola la camisa?



Así es la República Dominicana: es posible que no encuentres algo que necesitas desesperadamente, pero puedes olvidarte de eso comprando unos gramitos de algo en cualquier parte. Esto me ha quedado más largo de lo que pensaba, así que el próximo día: “Pequeña y Alcohólica excursión a Isla Saona: ¡Duelo de Bailes!”.


Un saludo, ¿queréis maría?

-Scaramouche-

3 comentarios:

  1. Soy Adrián,

    Si es que, entre tu colega luisme y tu con la camiseta de "mafioso de vacaciones" es normal que os asaltaran tantas veces, jajajaja XD

    Aunque, en parte, veo normal que os asaltante, por que saben que llevais dinero, y por que no seriais los primeros que van a zonas como esas, solo a por "material"

    Pero bueno, es lo que hay, un saludete

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  2. Pues sí, será nuestro look de personajes sacados de GTA Vice City...

    ...bastante Vice City es Punta Cana ya sin nosotros, por otra parte.

    ¡Luismi, métete y comenta algo, hombre!

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  3. ¡Me encanta la foto! Esas palmeras... jarl!

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...y ya veremos qué ocurre después.