18 feb. 2007

Las palabras de los esgrimistas: estocadas que atrapan.

El uso que un escritor hace de sus palabras es comparable al de un espadachín con un estoque. Al igual que el duelista busca una estocada precisa, medida, inesperada y eficaz, el escritor busca una serie de palabras precisas, medidas, inesperadas y eficaces para atrapar al lector que abre el libro. El esgrimista ya puede utilizar una sencilla y rapidísima estocada que golpee al contrincante antes de que este tenga tiempo de reaccionar; ora hace una finta, ora una filigrana; aquí una sutil defensa apasionada, aquí un quite desconcertante. Se pueden comparar ambas artes en profundidad y tendríamos una buena conversación. El lenguaje permite dar jabeques, desjarretazos y algún otro golpe, y no sólo en el sentido de hacer daño (leed cualquier periódico o el artículo anterior), sino, quizás, para abrir algún sentimiento, cortar cuerdas que atan sensaciones, desnudar lentamente un párrafo acuchillando sus ropas... cuantas cosas se hacen con un buen estilo.

Los escritores, como buenos esgrimistas, deciden lanzar su golpe maestro para conseguir su objetivo, enganchar al lector, en el mejor momento en el que pueden hacerlo, al principio del libro. Recuerdo que hace ya bastante tiempo hojeé un libro en casa de una amiga mía. Había oído hablar de él y, como el curioso tocón que soy, desquiciante a veces, lo cogí sin su permiso y abrí la primera página. Leí.

Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio.

Rafael Sabatini.- Scaramouche.

Quizás fue la identificación con este sujeto del que hablaba Sabatini, ya que creo que tengo un (excesivamente) amplio sentido del humor, demasiado cuando lo extrapolo a campos siniestros, y también creo que el mundo no está precisamente cuerdo. Tal vez no fuera la identificación propia, sino la medida y el cierre hermético de la frase. Suena como una sentencia. La descripción breve de un personaje antes de comenzar a contar su historia. Una entrada que evoca unos sentimientos y unos atributos humanos.

Pero puede no ser así. No tienen porqué hablar de dones personales, ni de almas humanas dotadas de distintos. Pueden ser una serie de palabras que anuncian de manera gélida unos hechos terribles, que hagan que te estremezcas y necesites conocer lo que pasa a continuación.

Pocos americanos habían oído nunca hablar de Holcomb. Como las aguas del río, los conductores de la autopista y los trenes amarillos que discurrían por las vías del ferrocarril de Santa Fe, el drama, en forma de acontecimiento excepcional, nunca había parado allí [...]. Pero entonces, en las primeras horas de aquella mañana de noviembre de 1959, un domingo, ciertos sonidos extraños irrumpieron entre los habituales sonidos nocturnos de Holcomb.

Truman Capote.- A Sangre Fría.

Incluso pueden ser aún más frías, tan frías que ni siquiera relaten un hecho humano, sino que sean una materia fundamental sobre la que se construye una supuesta ciencia. Un esqueleto de pura racionalidad tan abominable por su supuesta perfección que nos hace querer saber más sobre la consiguiente construcción de esas leyes.

“LAS TRES LEYES ROBÓTICAS

1. Un robot no debe dañar nunca a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas leyes entren en oposición con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la Primera y Segunda Ley.”

Manual de Robótica, 56ª edición.


Isaac Asimov.- Yo, Robot.

A veces anuncian la historia de grandes héroes.

No era el hombre más honesto, ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.

Arturo Pérez Reverte.- El Capitán Alatriste.

O de grandes villanos.

En el siglo XVII vivió en Francia uno de los hombre más geniales y abominables de una época en que no escaseaban hombres abominables y geniales.

Patrick Süskind.- El Perfume.

En ocasiones es un pensamiento personal para calentarse antes de seguir contando una vida. De una vida apasionante que relata desde dentro un gran acontecimiento.

No he tenido hijos. Para mí esto ha sido motivo de un gran fracaso, porque un hombre vive a través de sus hijos cuando se hace viejo y después de muerto.

Stephen J. Rivelle.- El Cruzado.

A veces se retratan grandes acontecimientos de manera tan cómicamente anecdótica que resulta difícil no seguir leyendo para conocer la magnitud de lo que ocurrió.

El teniente de navío Louis Quelennec, de la Marina Imperial Francesa está a punto de figurar en los libros de Historia y en este relato, pero no lo sabe. De lo contrario, sus primeras palabras al amanecer del 29 de vendimiario del año XIV, o sea, el 21 de octubre de 1805, habrían sido otras.

-Hijos de la gran puta.


Arturo Pérez Reverte.- Cabo Trafalgar.

Unas pocas palabras afiladas pueden tocar en un punto débil que nos haga caer. Igual que una espada. La pluma y la espada no terminan por parecerse sólo en su forma alargada, sino también por la manera en la que su arte se crea.



¿Cuáles han sido las líneas que a vosotros os han atrapado?

Un saludo,

-Scaramouche-

2 comentarios:

  1. Aay Scaramouche, te vas superando, tío. He paladeado este último artículo como un buen vino, y supongo que para los pre-escritores (porque como no acabes escribiendo en serio la tenemos ¡ein!) debe ser un gran halago. Con esa intención va.

    Permíteme pues, que te redacte un fragmento que me gusta especialmente:

    "...Esto es una superchería. Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan, nos volvemos cada vez más opacos para nosotros mismos, más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la linde que le separa del otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a sí mismo"

    Paul Auster - La trilogía de Nueva York (La habitación cerrada)

    Si lo he elegido es porque se ajusta perfectamente a una vorágine de pensamientos que usualmente rondan por mi cabeza (y no en plan positivo, todo hay que decirlo...). Ahora te confieso que me encantaría poder escribir, no como un maestro, sólo saber escribir.

    ¡Qué suerte tienes, joé! Un saludazo.

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  2. Gran cita de un Príncipe de Asturias, sí señor. Y por lo de escribir no te preocupes, no escribes mal, amigo Sickboy.

    Y descuida, seguro que algo escribié en un futuro. ¿Lejano?, ¿Cercano? Ya se verá.

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...y ya veremos qué ocurre después.