6 dic. 2006

Grandes zozobras de la literatura naval.

Dije en el anterior post que me encantaba la literatura naval. Entre las obras que me he leído ha habido algunas que me han encantado, como Cabo Trafalgar o La Taza de Oro, y otras que me han dado la gana de abrirme las venas. Hoy buenos voy a hablaros de una gran “zozobra” de este género… ya sabéis que a mi me encanta criticar. Sin más preámbulos, ahí va.

Capitán de Mar y Guerra, de Patrick o’Brien.

Estamos ante el mayor pestiño que me he leído nunca. Y lo dice un tipo que se lee en el metro Guerra y Paz. La novela que inspiró Master and Commander, la película protagonizada por Russell Crowe, me hizo desistir a la semana. Pero es que sólo podía leer cada día diez páginas, amigos, antes de que me doliera la cabeza, me mareara o me aburriera tanto que me quedara frito. Así que al ver que iba por la sesentaitantas hacia el final de la semana, decidí abandonar el libro en el rincón de la balda de una estantería (sitio inmerecido). Me sirvió para calzar la mesa del salón un tiempo hasta que compramos otra, luego volvió a la balda. Y ahí sigue.

Cuando estás con el libro entre las manos y te encuentras que en diez páginas todos los diálogos, en lugar de presentados como tal (con guiones, vaya, que es muchísimo más rápido), van entrecomillados; todas las acciones son más lentas que una carrera de caracoles colocados con marihuana. Descripciones exageradamente largas, aburridísimas. Ilustraré lo que significa leerse la susodicha novela con un de cómo sería un diálogo cualquiera en una novela “normal” y en Capitán de Mar y Guerra:

MODO RÁPIDO:

Fulanito había salido de su cubículo y se encontraba frente a la máquina del café de la oficina esperando a que se llenara el vaso de plástico con un capuchino, cuando a sus espaldas oyó la voz de Menganita.

-¿Qué tal fue la cita con Citanita? Me ha dicho un pajarito que no muy bien- preguntó con una expresión de divertida malicia.

-No. De hecho, fue una mierda. Estuvo todo el rato hablando de ella, de lo buena que es haciendo su trabajo, de lo lista que dicen sus papás que es… ni siquiera me molesté en llevarla al cine después. Fingí que me encontraba mal y me fui a casa.

Fulanito cogió el capuccino con el rostro ensombrecido, mientras Menganita fingía sentir mucho el fracaso de su compañero. Cuando se alejaba hacia su cubículo, Menganita recordó cuando ella flirteaba, infructuosamente, con Fulanito, y dijo a sus espaldas sin que él pudiera oirlo:

-Definitivamente, existe la justicia divina.


Bien: he puesto un ejemplo de diálogo normal y corriente como podría ir en cualquier novela. Y podría haber sido muchísimo más rápido, pero así se aprecia mejor la diferencia entre O’Brien y cualquier autor. Así lo relataría el autor de Capitán de Mar y Guerra:

MODO O’BRIEN.

El viento circulaba a través del corredor de la oficina cargado con el ambiente de estrés propio de los lunes. Pero Fulanito era un hombre imperturbable que no se dejaba vencer por las circunstancias externas. Era un hombre con una misión y de arraigadas costumbres. Por eso fue hacia la máquina de café que se encontraba en uno de los pasillos. Allí se alzaba el monstruo hierático, con las entrañas rellenas de fluidos calientes listos para ser servidos, expectante ante cualquier posible víctima que no aguantara el tedio del inicio de la semana. Lo que no sabía es que Fulanito no se dirigía allí por tedio, sino por rutina. Todos los días a las 10 de la mañana tomaba un capuchino de la máquina. Pausadamente, pero con paso decidido se acercó hacia la máquina y, sin vacilación, echó en la rendija de las monedas cincuenta céntimos de euro cubiertos con algo de roña que había sacado previamente del monedero marca Calvin Klein que le regaló un compañero el día de su cumpleaños. El círculo de metal se deslizó sin dificultad por el interior de la enorme máquina, que parecía disfrutar como si de un hipotético acto sexual se tratara. Cuando el ruido de la moneda cesó, inmediatamente Fulanito pulsó una tecla con una leyenda: “Capuchino”. Inequívocamente, ese era su destino.

Aquí es cuando el lector da la primera cabezada o se frota por primera vez las sienes. Si es alguien valiente, continua con el libro para encontrarse lo siguiente.

Mientras el vaso de plástico que la propia máquina había preparado se llenaba con el humeante líquido marrón, a las espaldas de Fulanito sonó la sensual y grave voz, realzada por el eco del pasillo, de Menganita, una de sus compañeras. Se acercó con paso sensual sin preocuparse por el fuerte ruido que hacían sus tacones al estrellarse rítmicamente contra el suelo del pasillo. Con una expresión cargada de malicia y goce personal, pero a la vez divertida, preguntó a su compañero: “¿Qué tal fue la cita con Menganita? Hay ciertos rumores que me han llegado personalmente a través de un confidente, del cual prefiero no darte el nombre, de que no fue demasiado bien?”. Fulanito no tuvo más remedio que aceptar con el rostro ensombrecido por la frustración, al recordar aquella trágica tarde. Confesó que no había ido nada bien, diciendo: “No. De hecho, fue una pérdida de tiempo. Estuvo todo el tiempo hablando de ella, de lo buena que es en sus quehaceres de la oficina, de lo lista que dicen sus progenitores que es… ni siquiera me molesté en llevarla al cine después. Fingí que me encontraba mal y me fui a casa”. Arqueó las cejas, pero al mirar hacia abajo para recoger el café no logró ver la expresión de oscura satisfacción de Menganita. Recogió el vaso con el caliente líquido en su interior y puso rumbo hacia su oficina sin más palabras. Menganita, al apreciar que su compañero ya no podía escucharle, no tardó en decir en voz baja, a sus espaldas: “Definitivamente, la justicia divina existe”.


En estos momentos el lector, o se ha dormido, o se ha mareado, o, directamente, ha perecido víctima del coñazo. Me pregunto si habrá alguien que se lo haya conseguido leer entero. No sé, quizás alguien superdotado, o algún monje shaolín , o algún lama del Himalaya de los que controlan cuerpo y mente… Como nota, decir que cuando dejé el libro, el puto barco aún no había salido del puerto.



Buff… he terminado cansado de tanto emular a O’Brien. En fin. Me voy a por un café. No un capuchino, simplemente un café. Os dejó para que reflexionéis. Y si alguien (algún cabrón) os regala el libro, encerradlo bajo siete llaves y lanzarlo a lo más profundo del abismo.

Un saludo,

-Scaramouche-

2 comentarios:

  1. ZZZZZZZZZZZZZZZzzzzzzzzzzzzzzz

    Huy, coño, si ya a terminado el articulo.
    Hola de nuevo, soy Adrían

    Esto....que decir sobre lo de este hombrecillo escritor...em....

    Y este libro se compra con receta para quitar el insomnio? o simplemente vas a la farmacia, lo pides y te lo dan, junto con unas barras de incienso?

    Parece ser que este escritor, cuando va por la calle, va pensando demasiado y claro...luego pasa lo que pasa.

    Bueno y despues de no haber dicho nada de nada en todo lo que llevo escrito, solo decir, que por favor no más parrafadas, queremos lectura ágil, entretenida y que alimente a las mentes con hambre de literaruta... (aunque...bueno...a mi tambien me gustan los comics, aunque un buen libro de vez en cuando no viene mal ,ejej)

    Un saludete y sigue asi con el blog....pero.... DONDE ANDA LA ULTIMA PARTE DE "EL HOMBRE Y EL VAMPIRO"??????

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  2. Ya va, ya va... tenía apuntadas algunas cosas en mi ordenador, pero está jodido (estoy desde el portátil de mi madre).

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...y ya veremos qué ocurre después.