21 sept. 2006

Allon... Gabriel Allon.

Como dije hace tiempo, he rehecho el artículo perdido –si miráis el primer artículo de la saga “Alaquetriste”, veréis que lo menciono- sobre una serie de tres novelas de espías de Daniel Silva. Aquí está. Disfrutadlo (o sufridlo) y comprad los libros, que están muy bien.

Daniel Silva, escritor norteamericano pese a lo que pueda indicar el apellido, es uno de los autores de vanguardia en lo que a novelas de espías se refiere –una corriente que en los últimos años se ha apartado del mainstream de la literatura.- . Siguió los pasos del aquí mencionadísimo Pérez-Reverte: en 1997 dejó su puesto de trabajo en la CNN para dedicarse plenamente a la literatura. Ese mismo año salió a la luz su primera novela de espías: The Unlikely Spy, que resultó ser todo un éxito (este libro no está publicado en España). Con nueve libros a sus espaldas (el último publicado en Estados Unidos el 25 de julio, titulado The Messenger, que resulta ser una continuación de la saga de tres novelas de la que vamos a hablar hoy), es conocido por haber escrito las novelas que relatan las aventuras del espía del Servicio Secreto Israelí Gabriel Allon: El Asesino Inglés (The English Assassin, no publicado en España), El Confesor y El Hombre de Viena.

A lo largo de las tres historias, el restaurador de arte y espía del Moshab (servicio secreto israelí) irá investigando y sacando a la luz los peores crímenes –algunos llevados a cabo en secreto- de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. En la primera, The English Assassin, Allon viaja a Zurich (Suiza) para restaurar una obra de arte de un banquero millonario, pero cuando llega, su “cliente” ha sido asesinado de manera brutal. Su colección secreta de obras maestras –conseguidas de manera ilegal- ha desaparecido. Uniendo pistas, Gabriel descubrirá los secretos de uno de los capítulos más vergonzantes de Suiza: su colaboración con los nazis y el robo y tráfico de obras de arte con estos. Mientras un asesino que él mismo entrenó le estará pisando los talones.

La segunda, El Confesor, no estuvo exenta de polémica. Como todas las obras que señalan algún error, crímen, desliz o falta total de escrúpulos de la Iglesia Católica (sea verdad o ficción, mirad el ejemplo de El Código Da Vinci), los foros católicos se ceban con el libro. Y es que la novela toca el papel del vaticano durante la Segunda Guerra Mundial y pone a la curia vaticana y algunos obispos (que por cierto, no son reales, señores de los foros) a la altura del alcantarillado. Como asesinos vaya. En este caso, Allon viajará a Munich para investigar el asesinato de un antiguo amigo e hijo de su jefe. Las pruebas le llevarán a unos culpables inesperados: ciertos sectores de la Iglesia quieren silenciar a autores controvertidos que investigan el pasado en busca de datos que pongan en evidencia el vergonzoso papel que tuvo la Iglesia Católica y Pío XII ante el holocausto y el nazismo. El agente del Moshab se meterá de lleno en un peligroso juego de conspiraciones en el mismo corazón de la Iglesia. Posiblemente la mejor novela de las tres, desde luego la más interesante. Sólo espero que no llegue el día en que la Iglesia intente silenciar así a la gente que les cause problemas... no, no creo. Sólo se reúnen y prohíben la publicación y promoción de libros donde pueden, además de difamar sobre el libro y el autor, rollete Index Librorum Prohibitorum. Afortunadamente esta novela ha pasado más desapercibida y ha tenido menos ventas que El Código Da Vinci.

La tercera novela de la saga es El Hombre de Viena. Al igual que las otras tres, comienza con un asesinato, esta vez infructuoso, de alguien relacionado con Allon. Gabriel viajará a Viena para ver en qué estaba trabajando su amigo Eli Lavon, de la Oficina de Reclamaciones de Guerra para que alguien quisiera acabar con él. Los hilos de la trama le llevarán a la sombra de la mayor operación de encubrimiento de la historia: Aktion 1005, el nombre en clave del intento de los nazis de ocultar las pruebas del holocausto.

Las críticas a los tres libros han sido siempre favorables y han introducido al autor entre los más leídos y de más exitos del panorama literario actual. El lenguaje del autor tiene una serie de características que lo hacen especialmente asequible a la mayoría del público: un lenguaje rápido, extremadamente sobrio y sin ningún tipo de decoración, a veces da la sensación de estar leyendo el informe de las operaciones encubiertas de Allon.

Las descripciones son breves y anecdóticas en los lugares, limitándose a describir un barrio o casa en concreto en lugar de una ciudad en general. Las de los personajes son rápidas y precisas, que permiten formar una imagen clara del personaje rápidamente, y que complementa la parte psicológica relatando anécdotas o acontecimientos del pasado de sus vidas (como el tormento y arrepentimiento de Gabriel por su participación en la operación Ira de Dios, la venganza llevada a cabo por agentes israelíes contra los cabecillas de los atentados de Munich de 1972). La narración es ágil, centrándose en la acción principal, en lo que hacen, viven y sienten unos personajes, sin entrometimiento de otros, y siempre desde su perspectiva subjetiva. Además, el autor reserva sorpresas a los lectores moviendo a personajes sin nombre o sin cara, haciendo creer que son de un modo o que su identidad es una para ser otra después. Todas estas características tan personales convierten a esta saga en una lectura imprescindible para los amantes de las novelas de espionaje, y en un libro muy recomendado para el resto de lectores. Una buena alternativa, muy digerible y que enganchará de principio a fin.

Así que recomiendo estos magníficos libros a todos los que visitan esta página. Seguro que no os arrepentiréis.

Un cariñoso saludo,

-Mouche... Scara-mouche-

...que malo.

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