20 jul. 2006

Un Código en la mochila

A lo largo del globo se han materializado en los últimos tiempos novelas “a la Brown”, de autores aparecidos como setas que aprovechan el tirón de El Código Da Vinci, que al parecer es un libro muy famoso y que ha cabreado mucho a la Iglesia. Esto no es grave comparado con la otra clase de libros que vengo a describir aquí (brevemente): las guías de los secretos ocultos del Código.

Veamos: a mi lado, mientras escribo esta entrada descansa un ejemplar de El Códice Secreto, de un tal Lev Grossman. Bajo el nombre del autor hay un discreto comentario entrecomillado, formulado por un crítico literario del New York Times: “A la altura de El nombre de la rosa”. Me quema bastante que aparezcan este tipo de comparaciones entre novelas cuando se promocionan… sobre todo cuando se compara a Dios con un gitano, que diría mi padre. Luego buscas un poco por ahí y te enteras de que el señor Grossman es articulista de… ¿adivinan qué periódico? Concretamente, escribe las críticas literarias…

La novela Mr Grossman pasa a engrosar la larga lista de libros “a la Brown”. En él podemos encontrar los ingredientes básicos para crear la receta del éxito: cogemos una sociedad secreta o un enemigo entre las sombras protegiendo un secreto centenario. Añádansele pistas ocultas y unos personajes muy-muy-muy listos, reconocidas celebridades intelectuales, para que las descifren y conozcan el secreto, que permanece desconocido a los ojos de la humanidad. Métase todo esto en un elaborado (en la mayoría de los casos) contexto histórico y aderécese con profundos conocimientos e investigaciones sobre temas esotéricos o relativos. De hecho, esto no es así sólo con el Código, porque entre las propias obras de Brown hay un estereotipo clarísimo que ya comentaré en próximas entradas. Se intentó aprovechar el tirón “da Vinci”. Pero al fin y al cabo, no dejan de ser novelas, creaciones de ficción elaboradas que merecen nuestro respeto.

Pero la novela de Brown originó también una plaga mucho más deleznable, a la cual podríamos llamar “explotación del libro en sí mismo”. Existen dos libros sobre los que se han escrito muchísimas otras obras explicativas relativas a ellos: La Biblia y El Código da Vinci, aunque no sobre cual se han escrito más (atención, católicos ofendidos por El Código, esto es un chiste, no monten contra mí otro asedio como el que han montado al señor Brown). En el caso de la obra más reciente (las últimas investigaciones indican que es El Código…), se han publicado perlas como Las claves del Código da Vinci, Los secretos del Código da Vinci…bueno, ya saben como son los títulos, utilicen el método de "combinación de palabras chulis", es decir, mezclen "secretos", "claves", "ocultos", "misterio" y demás palabras que evoquen milenarios enigmas de forma habilidosa y les saldrán unos títulos muy rimbombantes. Es lo que se hace en las pelis de acción, pero mezclando las palabras "operación", "venganza", "letal", "alerta", etc....
En estos libros, los autores, fruto de una gran investigación (chiste) nos muestran las luces y sombras del famoso libro. ¿Qué es verdad y qué es mentira? ¿Es verdad que Jesús se beneficiaba a María Magdalena, o, como dice la versión oficial, era una señora de dominio público? Estas respuestas y muchas más podemos encontrarlas en estos libros, normalmente mediocres y escritos de manera confusa. En algunos casos el autor se limita a hacer una guía de viajes de los lugares por donde pasan los protagonistas de la novela. A estas obras cumbre de la literatura de viajes podíamos agruparlas y sacarlas como una colección titulada “Un Código en la mochila”. Seguro que triunfaría.

Pero, al igual que la muerte de Carmina Ordóñez y las películas de Matrix, las cosas se desgastan de tanto hablar de ellas, y de tantos “homenajes” que se le hacen (a partir de Matrix ¿conocen alguna peli de acción que no llevara algún efecto “bullet-time”?), y la moda acabará pronto. Parte de esa moda la está alargando el propio archienemigo de la novela, la Iglesia, con la campaña de acoso y derribo que están llevando a cabo contra el libro, y por tanto, contra la posterior película basada en la obra del señor Brown (cuyo apellido, “marrón”, indica muy bien lo que le ha caído encima). Seguro que si lo dejan estar, la gente se olvida. Seguro que a los pobres alumnos de la Universidad Francisco de Vitoria les suena de algo la frase “Ver la película con los ojos abiertos”. Por favor, dejen de machacar el tema, lo único que hay que decir es que lo que escribió Dan Brown es una novela de FICCIÓN, no un ensayo histórico. Es, por poner un ejemplo, parecido a Indiana Jones y el Arca Perdida. Y ya está, si hay gente que se lo cree, es problema suyo. Todavía no han ido a pedir explicaciones a la Iglesia sobre si María Magdalena era o no una guarrilla –me extraña que no lo intentaran los del Tomate-, así que déjenlo, por favor.

Ahora que lo pienso, no recuerdo nunca haber visto un documental, como los del Canal de Historia o La 2, que hable de un libro y de su contenido, excepto de El Código da Vinci…

…¡Ah, sí!, y de La Biblia.

Un Saludo:

-Scaramouche-

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